Juan Pablo II en Punta Arenas
| Medalla Visita a Punta Arenas |
Detalles de la medalla
Anverso: Silueta del Santo Padre, sobre el extremo sur de Chile. En el lugar en que se ubica la ciudad emerge un gran cruz. En el contorno SANTO PADRE GRACIAS POR LA PAZ - Diócesis de Punta Arenas.Reverso: En el campo el texto Mediación Integración/ Chile - Argentina/ Hermanos/ 4 - abril - 1987.
Grabador: Milled
Metal: Bronce - Ф 55 mm
Metal: Bronce - Ф 55 mm
Visita de Juan Pablo II a Punta Arenas
La visita de Juan Pablo II a Chile en abril de 1987 fue un hito que marco a muchos, complejo desde el punta de vista política y social, pues el país se encontraba bajo la dictadura militar de Pinochet. Bajo el lema "El amor es más fuerte", la gira de seis días movilizó a millones de personas y estuvo cargada de momentos de altísima tensión, como los violentos disturbios durante la misa en el Parque O'Higgins de Santiago. En ese contexto de polarización, el Pontífice se transformó en un potente símbolo de esperanza, llamando incansablemente a la reconciliación nacional y la defensa de los derechos humanos.
El avión que lo trasladó a Punta Arenas, aterrizó la mañana del sábado 4 de abril de 1987 en el aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez y el Pontífice pisó suelo magallánico a las 11:38 horas. Tuvo un significado geopolítico fundamental. Menos de una década antes, en diciembre de 1978, Chile y Argentina habían estado al borde de una guerra inminente por el Conflicto del Beagle. La oportuna mediación papal, liderada inicialmente por el cardenal Antonio Samoré, congeló las acciones bélicas y culminó en el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
La homilía se realizó en el Estadio Fiscal de Punta Arenas, frente a alrededor de 30.000 personas, no solo de magallánicos chilenos, sino también a delegaciones de fieles argentinos que cruzaron la frontera. En los confines del continente, ante un frío imponente, Juan Pablo II coronó a la Virgen María Auxiliadora y consolidó el éxito de la paz austral, transformando una zona que casi fue escenario de un conflicto sangriento en un símbolo global de hermandad y concordia.
El Pontífice parte su homilía con la frase "Queridos hermanos y hermanas, ¡Alabado sea Jesucristo!, Alabado sea Jesucristo, en esta región de los confines australes de la tierra, en esta zona de hielos y glaciares de la Tierra del Fuego. Esto es una directa alusión al Salmo 61, versículo 3 en el cual se expresa «Te invoco, Señor, desde el confín de la tierra».
| Traslado por la Ciudad |
Juan Pablo II celebró los 100 años de la evangelización salesiana en Magallanes y se presenta como un peregrino que viene a dar un llamado universal a la paz, enfatizando que la verdadera paz no es estática, sino dinámica, y surge de la conversión personal y el orden ético y moral dictado por Dios. Sostiene que es imposible construir una convivencia armónica excluyendo al Creador, y señala a la oración humilde como el medio principal para lograrlo.
Asimismo, exige erradicar toda violencia, terrorismo, torturas y el armamentismo, los cuales degradan la dignidad humana y absorben recursos necesarios para combatir la pobreza. En su lugar, insta a practicar un amor solidario basado en el diálogo, la justicia y el respeto mutuo en la vida cotidiana.
Finalmente, frente a la inmensidad de la Antártida, el Papa introduce una dimensión ecológica, la paz del hombre con la naturaleza; adelantándose a los tiempos, llamando a ser custodios inteligentes y no explotadores del planeta. Concluye encomendando a Chile, Argentina y toda América Latina a la protección de María Reina de la Paz.