El Gran Encuentro en Viña del Mar
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| Medalla de participación |
Descripción Medalla
Anverso: Cuatro nadadores se lanzan a la piscina en una competencia deportiva, al fondo publico en graderías. en el contorno
XIII CAMPEONATO SUDAMERICANO DE NATACION SALTOS Y WATERPOLO ☆.
Reverso: Dentro de una corona de laurel escudo nacional, bajo este
VIÑA DEL MAR•11•19 • 11•56. En la parte superior
CHILE.
Grabador:
Metal: Cobre - Ф 45 mm
El Campeonato Sudamericano de Natación
Febrero de 1956 fue un mes relevante para el deporte chileno, en especial para la Natación, ya que las disciplinas acuáticas del continente regresaron al país en forma competitiva tras 18, la alta competencia sudamericana volvía a encender las pasiones en la emblemática piscina de Ocho Norte, en Viña del Mar. Aquel verano, la ciudad balneario recibió a lo más selecto del potencial acuático de la región, uniendo bajo el sol de la Región de Valparaíso a las delegaciones oficiales de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Venezuela y el anfitrión, Chile. Aunque la prensa y los documentos oficiales de la época catalogaron el evento como el XIII Campeonato Sudamericano, los datos historicos nos recuerda que el agua viñamarina albergaba, en realidad, la decimoquinta edición de esta cita continental.
Portada de la Nación del 13 de febrero
La expectación comenzó a materializarse la tarde del 11 de febrero, día fijado para la gran cita inaugural. Pasadas las seis de la tarde, el recinto ofrecía un golpe de vista imponente: las graderías se encontraban totalmente colmadas por un público entusiasta que aguardaba el inicio de las pruebas bajo la atenta mirada de las más altas autoridades del país, encabezadas por el Ministro del Interior, el coronel Benjamín Videla, y el alcalde de la comuna, Vladimiro Huber. El desfile de las naciones abrió los fuegos en un ambiente de fiesta, donde las delegaciones de Argentina y Brasil; las más numerosas del torneo; recibieron los aplausos más calurosos de la jornada.
Aquella primera jornada no defraudó y estuvo marcada por el brillo temprano de la delegación peruana, que sacudió los cronómetros estableciendo dos nuevos récords sudamericanos: el nadador Villarán, quien detuvo el tiempo en unos asombrosos 58 segundos y 6 décimas en los 100 metros libres, y el imbatible equipo del Rímac en la posta de 4x100 estilo libre.
A lo largo de siete intensas fechas, la piscina de Ocho Norte fue el escenario de una batalla deportiva sin cuartel. Tal como se había vaticinado, la definición del torneo se transformó en una lucha enconada entre las dos grandes potencias del Atlántico: Argentina y Brasil. El quiebre definitivo de la competencia llegó en la quinta etapa. Mostrando una notable solidez tanto en la categoría de damas como de varones, la delegación transandina logró sacar una ventaja crucial de 67 puntos y medio sobre sus rivales históricos. Con esta diferencia, el equipo argentino aseguró el título de campeón absoluto, repitiendo la hazaña que ya habían conseguido en Lima en 1952 y destronando a un cuadro brasileño que defendía la corona obtenida en Sao Paulo en 1954.
El campeonato no solo destacó por el nivel de sus atletas, sino también por una impecable gestión organizativa que fue aplaudida por todas las delegaciones extranjeras. El torneo introdujo además una aplaudida novedad para la época: la entrega inmediata de premios, diplomas y medallas al término de cada prueba, lo que otorgaba un dinamismo y una solemnidad inéditas a la premiación.
El broche de oro de aquella semana no se vivió solo en el agua, sino también en la arena política. El domingo 19 de febrero, en paralelo a las últimas competencias, los altos dirigentes de la Confederación Sudamericana y de la Federación Chilena acudieron al Palacio Presidencial de Cerro Castillo para saludar al Presidente de la República, el General Carlos Ibáñez del Campo. En aquella breve pero significativa audiencia, acompañados por el Ministro de Vías y Obras, Adalberto Fernández, el mandatario escuchó los balances del exitoso torneo y selló un compromiso histórico: el apoyo del ejecutivo para hacer realidad la ansiada construcción de la piscina olímpica del Estadio Nacional en Santiago. Con esa promesa de futuro y el triunfo indiscutido de Argentina en el agua, Viña del Mar despidió un verano inolvidable donde el deporte sudamericano volvió a escribir una de sus páginas más brillantes.
Información recopilada del diario la nación con los informes del enviado especial Raúl Aedo Ruiz.
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