Medalla Primer Centenario Puente Luis I
Anverso: Vista del puente sobre el rio Duero, el cual une las ciudades de Porto y Vila Nova de Gaia, las cuales están representadas por siluetas de las edificaciones. En el borde inferior y contenido por las riberas del rio el texto 1.º Centenário · PONTE LUIS I · 1886-1986.
Reverso: Diseño abstracto con curvas que nacen delos borde en forma suave y se concentran en un punto a la derecha del campo, como un remolino. En el borde Inferior el escudo de armas de la ciudad de Oporto, y la inscripción Câmara Municipal do Porto · Fundação Eng. António de Almeida.
Grabador: Irene Vilar
Metal: Bronce - Ф 90 x 70 mm
El Puente Luis I: Icono de la Ingeniería del Hierro en Oporto
Durante el siglo XIX, Oporto experimentó una explosión comercial e industrial que hizo insuficiente la conectividad entre sus riberas. La necesidad de unir el barrio de Miragaia, en Oporto, con Vila Nova de Gaia; centro neurálgico del comercio de vino; exigía una solución permanente sobre el río Duero.
Antecedentes: Del Puente de Barcas a la Modernidad
A comienzos del siglo XIX, la comunicación dependía del Puente de las Barcas, una estructura flotante unida por cables metálicos que presentaba graves riesgos de seguridad y era inviable para el creciente tráfico de mercancías. En 1879, el gobierno portugués lanzó un concurso internacional para la construcción de un puente metálico definitivo que permitiera el paso en dos niveles diferenciados.
Aunque comúnmente se asocia con Gustave Eiffel, el diseño final fue adjudicado a la empresa belga Société de Willebroeck. El ingeniero responsable fue Téophile Seyrig, antiguo socio de Eiffel y coautor del cercano Puente María Pía. Seyrig aplicó los principios de la arquitectura del hierro, pero introduciendo una innovación estética y funcional propia.
La construcción, iniciada en 1881 e inaugurada formalmente el 31 de octubre de 1886, fue una proeza técnica para la época, se destaca por los siguientes aspectos:
- Materialidad: Se utilizaron más de 3,000 toneladas de hierro forjado, ensambladas mediante remaches colocados en caliente.
- El Gran Arco: La estructura se sostiene sobre un arco de hierro de 172 metros de luz, que en su momento fue el más largo del mundo en su categoría.
- Configuración de Doble Tablero: Presenta una estructura biplana única. El tablero superior posee una longitud de 395 metros, mientras que el inferior mide 174 metros.
El diseño de doble nivel permitió separar los flujos de tráfico, una solución vanguardista que sigue vigente. Actualmente, por el nivel superior circula la línea D del Metro de Oporto, mientras que el nivel inferior está destinado al tráfico vehicular. Ambos cuentan con pasarelas peatonales que ofrecen una vista privilegiada de las bodegas históricas en una orilla y las fachadas coloridas de la Ribeira en la otra.
Desde su inauguración a finales de 1886, el Puente Luis I no solo resolvió un problema logístico, sino que se convirtió en el símbolo universal de la ciudad. Su presencia en numerosas medallas celebra el triunfo de la Revolución Industrial en Portugal y la maestría de la ingeniería civil del siglo XIX, siendo el símbolo indiscutible de la ciudad de Oporto.
Luis I (1838-1889), apodado "O Popular" (El Popular) o "O Bibliófilo", fue un monarca de inclinaciones liberales y un profundo amor por las artes y las ciencias. A diferencia de otros soberanos de su época, destacó por su labor intelectual. Su reinado fue el escenario de la gran transformación de Oporto, marcando el paso de una ciudad medieval a una metrópolis industrial conectada por colosales estructuras de hierro.
La Anécdota de la Inauguración
La construcción del puente sobre el Duero fue una obra de orgullo nacional, y se esperaba que la inauguración el 31 de octubre de 1886 (coincidiendo con el 48º cumpleaños del monarca) fuera el evento social más importante de la década. Sin embargo, un detalle protocolar se transformó en una leyenda que perdura hasta hoy.
A pesar de que el puente llevaba su nombre, el Rey Luis I no asistió a la ceremonia de inauguración. Las razones oficiales apuntaron a problemas de agenda y salud, pero el pueblo de Oporto, conocido por su carácter orgulloso y rebelde, interpretó la ausencia como un desplante hacia la ciudad. La respuesta de los ciudadanos fue inmediata y cargada de ironía simbólica. En un acto de "venganza" popular, los habitantes decidieron retirar el título de "Rei" (Rey) de las menciones oficiales al puente. Mientras que en los documentos de la constructora belga y del gobierno aparecía como Ponte Luiz I, el pueblo comenzó a llamarlo simplemente Ponte Dom Luís I.
Hasta el día de hoy, la señalética y el uso común en Oporto omiten el título real, a diferencia de otros puentes como el Ponte María Pía (en honor a su esposa). Esta anécdota es un ejemplo perfecto de la identidad de Oporto: una ciudad que respeta la historia, pero no perdona la falta de cercanía de sus gobernantes.
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