Beatificación de María Sagrario de San Luis Gonzaga
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| Medalla de la Beatificación |
Descripción Medalla
Anverso: A la derecha del campo busto de la religiosa con hábito, a su izquierda BEATA/ MA/ SAGRARIO/ DE SAN/ LUIS/ GONZAGA.
Reverso: Cruz al centro que divide el campo, en ambos lados edificios religiosos. En el contorno y en el campo la inscripción BEATIFICADA/ DA/ YUAN/ PABLO II/ EL 10 MAYO/ 1998.
Grabador: Vito Cimarosti, casa de acuñación Colombo Damiano & Figli
Metal: Bronce - Ф51,3 mm - 93,2 gr
María Sagrario
Elvira Moragas Cantarero, nació en Lillo, Toledo, en 1881. Fue una mujer adelantada a su tiempo, en 1905 se convirtió en una de las primeras mujeres en España en obtener el título de farmacéutica. Tras la muerte de su padre, se hizo cargo de la farmacia familiar en Madrid, donde se ganó el respeto de la comunidad no solo por su rigor científico, sino por su inmensa caridad hacia los más necesitados, a quienes a menudo entregaba medicamentos sin costo.
Pese a su éxito profesional, su vocación religiosa fue ganando terreno. En 1915, tras asegurar el bienestar de su familia, ingresó al Monasterio de Santa Ana y San José de las Carmelitas Descalzas en Madrid. Allí tomó el nombre de María Sagrario de San Luis Gonzaga. Su capacidad de gestión y su profunda espiritualidad la llevaron a ser elegida Priora del convento en varias ocasiones. Con el estallido de la Guerra Civil Española en 1936, se negó a abandonar a sus hermanas de comunidad y, tras ser arrestada por las milicias, murió martirizada el 15 de agosto de ese mismo año, perdonando a sus ejecutores.
Beatificación
El proceso de beatificación de María Sagrario fue impulsado por el testimonio de su vida coherente, donde la ciencia y la mística se fundieron en un solo propósito. Fue el Papa Juan Pablo II quien, el 10 de mayo de 1998, la proclamó Beata en una solemne ceremonia en la Plaza de San Pedro. En su homilía, el Pontífice destacó su figura como un modelo para los profesionales de la salud, subrayando que su farmacia fue "un lugar de consuelo para el cuerpo y el alma".
La medalla que conmemora este evento suele destacar su efigie con el hábito carmelita, acompañada de elementos que aluden a su profesión, como el copón o símbolos farmacéuticos.
Modelado de Trazo Escultórico.
A diferencia de las medallas tradicionales de acabado liso y pulido, este estilo busca que la pieza conserve la energía y la textura del proceso creativo original. No es un defecto de acuñación, sino una decisión artística deliberada.
En lugar de suavizar cada superficie con pinceles o dedos, el escultor utiliza espátulas y vaciadores para "cortar" los planos de la cara y los pliegues de la ropa. Esta riqueza de texturas (surcos, rebabas y trazos de herramienta) es luego capturada fielmente por una máquina reductora (pantógrafo), que traslada cada detalle del modelo al troquel de acero que finalmente acuñará la medalla.
Este estilo de grabado produce un juego de luces, al tener planos angulares (espatulados), la medalla no refleja la luz de forma plana. Al girarla, las sombras "flotan" por el relieve, dándole una tridimensionalidad que parece cambiar según el ángulo.
A diferencia de las superficies espejadas o lisas, donde cualquier raya destaca de inmediato, este estilo es permite qu las pequeñas marcas de manipulación se confunden con la textura propia del modelado.
Se percibe la "mano del artista", las medallas dejan de ser un producto industrial frío para convertirse en una escultura en miniatura, donde se siente la intención del escultor en cada trazo, siendo un estilo extremadamente difícil de copiar mediante fundición simple o grabado digital, ya que la riqueza de las micro-texturas del original es casi imposible de replicar.

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